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Tercer Domingo del Mes de Amshir (quinto mes copto):

Hemos encontrado a Jesus el Pan de la vida

Las lecturas se interesan en el asunto de la fe y su importancia en concebir los efectos del misterio de la Eucaristía.

El Salmo de la oración de la víspera dice: “En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; Estaré satisfecho cuando despierto a tu semejanza.” (Sal. 17. 15) “Tú has probado mi corazón, me has visitado de noche.” (Sal. 17. 3). La mirada a la cara de Dios en la Eucaristía da satisfacción con la aparición de la gloria de Dios.

El evangelio de la oración de la mañana: “Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió.” (Jn. 12. 44-45). La Eucaristía entre la fe y la visión.

La lectura de la Epístola de San Pablo: “Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio.” (He. 3. 14). El misterio de la participación es el misterio de la Eucaristía, y aquí confirma sobre la importancia de la firmeza de la fe al fin y su necesidad para realizar nuestra participación con el Cristo.

La Epístola católica: “Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna.” (Jud. 20-21). Otra vez una confirmación sobre la importancia de la fe.

Mientras la Epístola de los Hechos de los Apóstoles: “El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche.” (Hch. 20. 7). La Epístola expone “partir el pan” como una tradicción apostólica auténtica.

Después del habla de la fe con la confirmación sobre la autenticidad del misterio de la Eucaristía como una práctica de la iglesia apostólica, el evangelio de San Juan expone el habla importante del Señor Jesucristo sobre el concepto del misterio de la Eucaristía.

La búsqueda de Jesús no realizó el objetivo: “Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.” (Jn. 6. 25-26). La búsqueda de Jesús su objetivo era la comida, el Señor Jesucristo quiso corregir el objetivo. “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre.” (Jn. 6. 27).


El trabajo para la comida se considera una necesidad de vida, pero aquí el Señor Jesucristo nos traslada de la realidad material a un nivel espiritual celestial eterno. La comida es espiritual, y debemos alcanzar al trabajo espiritual y el objetivo es la vida eterna. La comida es la donación del Hijo del Hombre o el Hijo encarnado que señaló Dios el Padre, es decir, asignó y dedicó al trabajo de la vida eterna. Muchos buscan a Jesús para objetivos terrestres pues no le encuentran, por esto el Señor Jesucristo corrige primero el objetivo. Después se traslada para explicar la naturaleza de la comida que a vida eterna permanece.

“Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. Le dijeron: Señor, danos siempre este pan. Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.” (Jn. 6. 33-35).

“Yo soy el pan de vida, Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el pan vivo que desciendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.” (Jn. 6. 48-51).