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El Día de la Transfiguración

“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte solos a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos.”(Mr. 9. 2). “Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos.”(Mr. 9. 3). “Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesús.” (Mr. 9. 4).

La iglesia celebra el Día de la Transfiguración como uno de las grandes fiestas del Señor; porque el Señor de gloria, Jesucristo, manifestó la gloria de su Deidad y tiró la cortina de la verdad de su Deidad y anunció quien es, aunque era desaparecido en su humanidad, ocultado en el cuerpo, pero ¿quién es él en su realidad? Es el Verbo que vive en el cielo y “... que descendió del cielo” (Jn. 6. 51).

Muy a menudo, describe a sí mismo como el Hijo del Hombre, porque es de parte del cuerpo, es el Hijo de la Santa Virgen María, porque cogió la naturaleza del hombre “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (Jn. 1. 14). Como dice el texto "habitó entre nosotros" porque habitó en nuestra naturaleza y fue hecho carne conforme a nuestro cuerpo de la naturaleza de nuestro cuerpo que tomó de la Santa Virgen María y se unió en una sola persona en una sola naturaleza, unión sin asociación ni mezclamiento ni alternación.

El Cristo entonces, aunque apareció como un hombre y siendo en la forma de los hombres "...se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres. Y estando en la condición de hombre." (Fil. 2. 7-8). Pero en su mera realidad no es un hombre sino es Dios que se manifestó en carne.

“E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:

Dios fue manifestado en carne,

Justificado en el Espíritu,

Visto de los ángeles,

Predicado a los gentiles,

Creído en el mundo,

Recibido arriba en gloria.” (1Ti. 3. 16).

Dios que nadie ha visto y no puede ver, pero “...el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.” (Jn. 1. 18).

Pero para que sea visible a los hombres, fue hecho carne y se desapareció en la carne y se ocultó en esta carne, él que es más magnífico e hábil de los hombres, ocultó su Deidad de los hombres y del diablo para cumplir la obra de la redención; “...porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria.” (1Co. 2. 8). Y la salvación del hombre hubiera sido parada. Por eso, se cubrió y se ocultó en una humanidad completa para hacer a sí mismo visible a los hombres.

Pues, ¿quién es el Cristo en su realidad? ¿Es el Hijo del Hombre? ¿El hijo de la Virgen María? Si. Es el hijo de la Virgen María según la carne, pero antes de nacer de la Virgen María es Dios y Creador de la Virgen María; “Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.” (Ap. 1. 8). “...Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último.” (Ap. 1. 11). “...Yo soy el primero y el último, y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos.” (Ap. 1. 17-18).

Antes de dejar este mundo y antes de entrar a su gloria con la Ascensión después de su crucifixión y resurrección, quiso descubrir la realidad de su Deidad, subió a un monte alto y cogió tres de sus discípulos: Pedro, Jacobo y Juan como representantes de los discípulos. No cogió a todos los discípulos, para mantener la discreción de este gran secreto hasta que se resucita de los muertos. Tal secreto que estos tres discípulos van a anunciar después de la resurrección.

+ Cuando subió al monte alto “...se transfiguró delante de ellos.”(Mr. 9. 2). ¿Qué significa esta transfiguración? La gloria que anunció con su transfiguración no es una cosa nueva por él y no era con un don exterior que le fue dado, sino es un simple manifiesto de su gloria en el cual se ocultó y que apareció en estos momentos delante de ellos. Este cambio es un asunto que no está relacionado con la naturaleza del Señor Jesucristo sino que es relacionado con los ojos de los discípulos que se abrieron para examinar lo que pueden mirar.

+ “Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos.” (Mr. 9. 3)

¿Qué son estos vestidos que se adherieron al Señor y después se volvieron resplandecientes sino que su iglesia como dice San Agustín "esta es la señal de los verdaderos fieles: el excelente resplandecer". Como dice el Papa Gregorios el Grande "porque en el alto del resplandecer de los altos cielos, hay los que resplandecen con la vida de la justicia, se adhieren en él". Pues quería decir que sus vestidos son los justos que les hace adheridos a él.

+ La apariencia de Moisés y de Elías con él

La apariencia de Moisés y de Elías con él era con el objetivo de aparecer a la gente que hay una diferencia entre él y entre Moisés o cualquier otro profeta. Quería que aparezca Moisés y Elías con él delante de los discípulos para percibir la gran diferencia entre él y sus servidores. También porque fue acusado como transgresor de la ley y blasfemo que se atribuió la gloria del Padre, por eso les trajo delante de ellos a Moisés, quien recibió la ley, y a Elías, el celoso sobre la gloria de Dios, para anunciar la difamación de los acusadores a él.

Tal vez quería con sus apariencias con él antes de la crucifixión para anunciar a los discípulos que no deben temer del crucifijo, pues le aceptó con su voluntad, si no los sucesos de la crucifixión no hubieran acontecidos. Pues es más grande que Moisés que salvó al pueblo de los manos del Faraón, y de Elías que descendió el fuego del cielo y consumió a los dos primeros capitanes de cincuenta con sus cincuenta.

+ “Entonces vino una nube que les hizo sombra, y desde la nube una voz que decía:

Este es mi Hijo amado; a él oíd. Y luego, cuando miraron, no vieron más a nadie consigo, sino a Jesús solo.” (Mr. 9. 7-8).

Esta voz no es nueva pero es una confirmación de lo que sucedió en el Jordán en el día del bautismo del Señor Jesucristo, pues "...vino una voz de los cielos que decía: Tu eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia." (Mr. 1. 11). “Y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.” (Lc. 3. 22).

Es una confirmación de que él que es delante de ellos no es un hombre sino es Dios y se manifestó en carne. Pues en Cesarea de Filipo, el Señor de gloria, Jesucristo, confirmó el significado cuando "...pregunto a sus discipulos, diciendo: ¿ Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? (Mt. 16.13). "Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” (Mt. 16. 14-16).

Dios no engendra como los hombres y los animales que engendran. La palabra del Hijo del Hombre tiene dos lados a lo menos; quiere decir que toda persona tiene un padre, que nació de un padre, y se engendró de varón. ¿Pues Jesucristo quién es su padre? ¿quién es su padre? La Santa María es virgen y cuando dio a luz al Cristo era virgen, pues ¿quién es su padre? Pues es el Hijo de Dios con este sentido, que no tiene a un padre de los hombres y no se engendró de varón. Pues es el Hijo de Dios porque es la imagen de Dios porque quien ha visto a Cristo pues vio a Dios. Entonces es el Hijo del Hombre no por el sentido que le piensan algunos. El es la imagen del Dios invisible. Porque nosotros somos en él, por eso hemos visto a Dios en él, porque es de la naturaleza del Padre y de su esencia. “...El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn. 14. 9).

Dios que es invisible en su naturaleza, fue hecho visto, pues quien ha sido visto es el Cristo. De esto el que ha visto al Cristo, ha visto al Padre. "Y descendiendo ellos del monte, les mandó que a nadie dijesen lo que habían visto, sino cuando el Hijo del Hombre hubiese resucitado de los muertos." (Mr. 9. 9). Después de regresar del monte, los discípulos se comprometieron al mandamiento del Señor y no dijeron a nadie lo que han visto. Sus almas se saciaron de El, pero después de la resurrección del Señor de los muertos, anunciaron lo que han visto.

Anunciaron a todo el mundo la transfiguración del Señor sobre el monte alto; pues encontramos a San Pedro diciendo en su Epístola sobre la transfiguración del Señor Jesucristo y el manifiesto del resplandor de la gloria de su Deidad pues dijo: “Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad. Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo.” (2P. 1. 16-18).

San Juan dice:

“Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido.” (1Jn. 1. 1-4).

Los discípulos después del suceso de la transfiguración, regresaron con fuerza describiendo quien es el Cristo; que su rostro resplandeció como el sol, sino con más resplandor que el sol que se aleja de la tierra de 93 millón milla y les anunció un resplandor de su Deidad.

Los discípulos salieron con fuerza para predicar después de la resurrección del Cristo con su transfiguración delante de ellos en el monte alto.