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Tercer Domingo del Mes de Hatour (mes copto):

La naturaleza de la obra espiritual preparando la tierra para recibir Cristo la Palabra

La obra espiritual comienza en la tierra con el Adviento que se considera como la labranza de la tierra pavimentándola para recibir el grano de trigo. La obra se resume en lo siguiente:

a-      Deshace del alma de los enlaces sentimentales familiares que le impide de guardar el mandamiento. Estos enlaces son como las hierbas que dañan a la siembra.

b-      Después de esto, llevar la cruz en pos del Señor Jesucristo.

Después el Señor Jesucristo explica la naturaleza de la obra espiritual solicitada en dos parábolas:

a-      El cálculo de los gastos para edificar la torre.

b-      La preparación para hacer frente al ejército del enemigo.

La naturaleza de la primera obra es constructiva para edificar una torre que nos levanta al cielo, sino un sagrado santuario y un lugar donde Dios encuentra su descanzo en nosotros. El Señor Jesucristo nos advierte de retirarse, “...No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él” (Lc. 14. 29). Cuantas almas recibieron la palabra de Dios con gozo pero no continuaron el camino hasta el pesebre y no alcanzaron el fruto del espíritu y no fueron conscientes del brillo del Señor Jesucristo en ella. La parábola del sembrador nos explica las razones de este retiro “el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa”(Mt. 13. 22).

La segunda parábola nos aclara la naturaleza de la guerra espiritual, pues tenemos que prepararnos contra los ataques del enemigo “...No se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? (Lc. 14. 31-32). El enemigo es más poderoso que yo, y la guerra es inevitable, pues tengo que proteger el fruto de los enemigos invisibles y visibles, y esto se realiza con llevar la cruz en pos del Señor Jesucristo. Cuanto se asimila esta obra con lo que hizo Nehemías para edificar los muros de Jerusalén “Los que edificaban en el muro... con una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada. Porque los que edificaban, cada uno tenía su espada ceñida a sus lomos...” (Neh. 4. 17-18). Llevar la cruz es el arma más poderosa que el enemigo, para hacer frente contra el pecado hasta la sangre.

El Señor Jesucristo concluye su discurso a los indecisos con palabras fuertes y decisivas “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. Buena es la sal; mas si la sal se hiciere insípida, ¿Con qué se sazonará? Ni para la tierra ni para el muladar es útil; la arrojan fuera. El que tiene oídos para oir, oiga” (Lc. 14. 33-35).