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Primer Domingo del Mes de Touba (quinto mes copto):

El manifiesto de Dios a los gentiles, la Sagrada Familia en Egipto

Los gentiles se gozaron con la venida del Cristo a la tierra de Egipto y la fundación del templo de Dios para los gentiles.

En la oración de la víspera, el Salmo dice: “Pueblos todos, batid las manos; Aclamad a Dios con voz de júbilo...”(Sal. 47.1-2).

El evangelio de la oración de la víspera dice: “Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado.”(Lc. 4. 43).

El Salmo de la oración de la mañana dice: “Jehová reina; se vistió de magnificencia; Jehová se vistió, se ciñó de poder. Afirmó también el mundo y no se moverá. Firme es tu trono desde entonces; Tú eres eternamente.” (Sal. 93. 1-2).

Mientras que el Salmo de la misa dice: “Jehová ha hecho notoria su salvación; A vista de las naciones ha descubierto su justicia...” (Sal. 98. 2-3).

San Pablo, el Apóstol de los gentiles, se asocia con los gentiles este gozo: “Y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia, como está escrito:

Por tanto, yo te confesaré entre los gentiles,

Y cantaré a tu nombre.

Y otra vez dice:

Alegraos, gentiles, con su pueblo.

Y otra vez:

Alabad al Señor todos los gentiles,

Y magnificadle todos los pueblos.

Y otra vez dice Isaías:

Estará la raíz de Isaí,

Y el que se levantará a regir los gentiles;

Los gentiles esperarán en él.” (Ro. 15. 9-12).

La lectura de la Epístola católica dice: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios, por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.” (1Jn. 3. 1-2).

Este privilegio ya no es para los hijos de Israel sino que ocurrió la igualdad, por tanto todos se convirtieron a ser hijos de Dios por la adopción; con el nacimiento de Jesucristo, según la profecía de Oseas “Con todo, será el número de los hijos de Israel como la arena del mar, que no se puede medir ni contar. Y en el lugar en donde les fue dicho: Vosotros no sois pueblo mío, les será dicho: Sois hijos del Dios viviente.” (Os. 1. 10).


Por consequencia, la medida de la justicia ya no es por la obra con la ley sino por la justicia del Cristo “Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.” (1Jn. 3. 7-8).

La lectura de la Epístola de los Hechos de los Apóstoles dice: “Ellos, pues, habiendo sido encaminados por la iglesia, pasaron por Fenicia y Samaria, contando la conversión de los gentiles; y causaban gran gozo a todos los hermanos.”(Hch. 15. 3).

La tierra de Egipto recibió al Cristo y se convirtió a ser refugio para él, como recibió anterioramente a los hijos de Israel, donde se crecieron y se volvieron a ser el pueblo de Dios. “Después que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate, y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que you te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo. Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, Y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo.”(Mt. 2. 13-15).

“Y vino y habitó en la ciudad que se llama Nazaret, para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que habría de ser llamado nazareno.” (Mt. 2. 23).

No hay una profecía en el Antiguo Testamento que refiere directamente a la ciudad de Nazaret, pero hay profecía sobre la tierra de Galilea, la tierra de Zabulón y de Neftalí “...a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí...de aquel lado del Jordán, en Galilea de los gentiles.” (Is. 9. 1).

Esto de la parte del lugar pero de la parte moral, pues la palabra Nazaret significa la vara del árbol o el vástago, y hay muchas profecías sobre el Señor Jesucristo en que le llaman el vástago “Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces.” (Is. 11.1). También mira (Is.60.21) (Jer. 23. 5) (Jer. 33. 15) (Ez. 17. 22) (Zac.3. 8).

Y la última profecía “Y le hablarás, diciendo: Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: He aquí el varón cuyo nombre es el Renuevo, el cual brotará de sus raíces, y edificará el templo de Jehová.” (Zac. 6.12).